Mi tropiezo con los mandala y la creatividad


Hace poco mas de una semana asistí a un taller de mandalas. Fui a escuchar, algunas cosas las había leído, y otras no. Una experiencia que en pocas palabras me ayudó a coquetear con la creatividad.
Este taller fue un detonante para aprender a ver a través mis pensamientos de manera gráfica. Creo que las palabras de inspiración y ver tantas muestras de las personas que sabiendo poco o nada nos atrevimos a compartir unas horas y exponer lo que cada uno experimentó.
Entendí que mi vida está envuelta en muchos mandalas. Soy persona de pocas cosas, pero las pocas que tengo tienen una simbología  particular. Siempre he adquirido esos objetos por lo que me han hecho sentir en el momento. 
Somos seres que tenemos la capacidad para estar en constante transformación, esto es impulsado por la inspiración de ser mejor. Esto lo aprendí en un viaje hace 10 años. Pararme frente a la pirámide de Quetzalcoatl, y entender por primera vez el significado de la serpiente emplumada me ha hecho experimentar muchas situaciones de forma consciente. He vivido momentos que me han hecho crecer en muchos aspectos.

En este instante quiero dejar registro de lo que mi cabeza está procesando, estoy aprendiendo a crear imágenes con el hilo y el crochet.

No se si puedo explicar lo que visualizo. Si en algún momento ven mis redes sociales podrán ver que ya tejí mandalas, todos siguiendo patrones. Luego de realizar el taller, he realizado dos proyectos pequeños, los inicié tomando dos flores africanas que tenía guardadas, y fui agregando puntos. Eso fluyo de tal forma que me agrado.
Veo que no se le puede dar intensidad al tejido porque los colores que uso son planos, pero el efecto visual es agradable. Hoy inicié mi tercer proyecto, y pensé: no voy a usar tantos colores, solo cuatro.
Empezó a formarse una flor nuevamente, el primer intento era una margarita, pero al agregar el verde me di cuenta que no quería hoy ese color. Entonces deshice, y comencé nuevamente. Aquí va la combinación, y en mi mente ya tengo la secuencia de vueltas que quiero alcanzar. No he transcrito los puntos a un patrón. Aun no aprendo a dar formato al diseño.
Me di cuenta que dejé de contar, cosa que no sucede cuando usas patrón. El patrón requiere que cada puntada sea en un sitio específico, un punto tras otro, se cuentan al aire, y en el lugar donde va. 
Lo que si he podido hacer, es visualizar en mi mente un área que no había experimentado, lo percibo amplio. En ese espacio me dejaron de preocupar las ondas que se forman cuando uno agrega mas puntos de los necesarios, pareciera que las manos reconocen la cantidad suficiente que se deben agregar. 
No se si esto es tonto o no. Siempre he tenido inquietud por la forma cómo el cerebro adquiere conocimiento, cómo manifiesta posteriormente un momento específico donde entiende que aprendió algo. Un proceso de aprendizaje, que al ser reconocido por la persona en sí alcanza niveles de metacognición. Esto lo escribo a manera de diario, a fin de recrear lo que veo, y lo que sentí con estas experiencias.  

Si están en el estado Carabobo les recomiendo la experiencia en Talleres de Vida (en instagram).

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