La necesidad de construir un país

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He transitado las mismas avenidas a lo largo de quince años. Cada mañana realizaba mi recorrido, para trasladarme a mis actividades. En principio, si no salía a la hora prevista perdería 30 minutos de tiempo entre carros, autobuses, camiones y gandolas.

Fui testigo de cómo largas colas de tránsito matutino fueron disminuyendo. Todo comenzó con la merma de las gandolas que en sentido norte-sur cargaban la materia prima que demandaban las industrias de la región. Mismas gandolas que posteriormente circulaban a mayor velocidad, pues ya habían descargado la mercancía, de vuelta transitando las carreteras en sentido sur-norte para llegar nuevamente a los almacenes de despacho.

Disminuyó el tránsito de vehículos particulares, pues ya las empresas habían disminuido su flujo de comercio, y las presiones de gobierno causaron un daño irreversible en la administración de muchos sectores. Poco a poco fue más rentable cerrar que permanecer buscando solución a las demandas del día a día.

Ya había empezado a cumplirse el sueño de no tener que hacer colas matutinas, ahora las vías rápidas se encuentran despejadas, no debo salir de casa con tanta anticipación. Pasando los días percibo que no hay más gandolas, existen pocos carros particulares, y comienzo a notar que cada vez hay más personas acumuladas en las paradas de autobuses. Dichas colas se debe a una falta en el número de vehículos dispuesto para el traslado de pasajeros.

Día a día, es notable la cantidad de personas que necesitan caminar largos trechos para ir de casa al trabajo o viceversa. Aparecen ante mis ojos las llamadas perreras, vehículos de carga que se fueron adaptando, ya no había mercancía seca para el traslado; tampoco podían trasladar semovientes, ahora tenían sus dueños que buscar solucionar el ingreso económico para el hogar, y por ello decidieron cortar trozos de las láminas, para facilitar la ventilación de las personas que se aventuran a llegar a su hogar en dichos vehículos.

   Poco a poco, ante la mirada de la cotidianidad el panorama que conocíamos se convirtió en escasez. Escasez de vehículos, de materias primas, de gente. Es notable el deterioro de los zapatos de todas las personas que hoy día caminan más de lo acostumbrado, y que no cuentan con los fondos para reponerlos. Pasamos de ser un país con flotas de transporte conformadas por las mejores marcas de vehículos del mundo, tanto de carga como de personas, a ser un país de caminantes.

Con la merma del tráfico, y las dificultades que no conocíamos, llegaron las caras largas, las caras tristes y las caras de desesperanza. Ya las personas no llevan sobre ruedas sus sueños, llevan sus dolores y sufrimientos a cuestas.

Así fue como muchas personas conocidas y desconocidas, decidieron transitar otras rutas, ahora se trasladan por diferentes caminos del mundo. En este país aún la esperanza se encuentra sobre la espalda de muchos.

La necesidad de construir un país pasa por todos aquellos espacios que son necesarios repensar, transformar y convertir en autopistas capaces de sostener todo aquel tráfico que antes era pesado y ahora conociendo el origen es sencillamente entrañable. 

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