Carta al Niño Jesús

Querido Niño Jesús:

Me conoces desde siempre, sabes de mis deseos, ansias y temores. Has sido generoso conmigo cada día de mi vida.

Son las 5 de la mañana y en esta madrugada he tenido ganas de terminar esta entrada que comencé a escribir hace cuatro días.

Quería agradecerte por este año que nos vemos nuevamente en torno al pesebre, sabes que cada vez que reflexiono sobre los misterios gozosos vivo tu nacimiento.

Espero no te importe que este año no tenga tanta decoración, me tardé un montón en colocar las figuras, al fin anoche pude tener un momento en silencio y de oración contigo.

Este año me has regalado muchas bendiciones, me has permitido definir ideas, me has mostrado que soy capaz en muchas cosas que desconocía. De manera particular me diste parte de lo que he buscado por más de quince años, quién me iba a decir que cuando inicié esa cruzada me aguardaban tantas experiencias y ejercicios de paciencia. Todavía nos falta un poquito pero ya me mostraste lo más importante.

Yo como cada año te pido “dame lo que sabes que necesito”. Yo deseo aquello que me ayude a alabar tu presencia eso que te honra.

Sabes que tengo muchas telarañas bien sucias y feas en lo profundo del alma, aquellas cosas que me esclavizan y no me dejan actuar en libertad como lo deseas.

Hoy al leer la introducción a tu evangelio me encontré con esta frase: “Dios se hace hombre, en la noche de la humanidad, para que el hombre se haga Dios, en la luz de su divinidad”. Es una inspiración, pues solo a través de aquello que es claro y luminoso es donde debe estar mi energía.

Sabes que mi fe ha estado un poco tambaleante, no porque no te quiero o no crea en ti, sino porque me dejo arropar por lo superficial, aquello que no es lo mejor para mí.

Mi corazón se ha endurecido con estas cosas que siguen sucediendo en mi país, y que aún son incomprensibles para los ojos de la mayoría. Mi esperanza no se agota pero si se encuentra un poquito golpeada.

Quiero vivir la alegría íntima y serena que me ofreces en este día, ayúdame a ser lo que necesito, aquello que te alabe, que te acoja realmente con calidez en el corazón. Sé que me ves como lo que soy y lo que tengo, y eso a veces da miedito, sobretodo cuando tengo esa tibieza que te ofende, y que se refleja en la frialdad con mis hermanos.

Este año te pido entendimiento, coherencia y constancia para superar las adversidades y entregar lo mejor que tengo dentro y fuera.

Y si, ya sabes que tengo un montón de gente a mi lado que me ama, me acompaña y tiene sus propias necesidades. Tú que ves en lo profundo del corazón, bendícelos con aquello que realmente necesitan.

Me estas esperando, por favor no dejes de amarme.


Una lectura más que recomendada es la Natividad del Señor 24 de diciembre con reflexión https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/