El cuarto de Mamá Ana

Hace dos semanas estuve de viaje por cinco días. Durante tres días fuí por las tardes a compartir con mi abuelo, y pasé por el cuarto de mi abuela, cosa que he hecho muy pocas veces desde su fallecimiento en el año 2013.

Este cuarto fue y es un santuario, un lugar donde había que tener cuidado, por respeto no tocaba lo que ella tenía sobre la peinadora. De paso muchas cosas llamativas, allí se encuentra un pequeño televisor, un cofre de cristal, un juego de cepillos de color plata y cerdas muy suaves de color blanco.

Durante mi infancia, y siendo una niña de 8 años aproximadamente, ese mismo juego estaba en la peinadora del cuarto que compartía con mi abuelo. Mi hermana me ayudaba a ser más atrevida, tal como lo escribí en corazón azul en navidad. Mi abuela fácilmente descubría que tocábamos sus cosas y esto era porque nuestro cabello muy negro quedaba enredado en las cerdas blancas.

Una mujer realmente bella, por dentro y por fuera. Trabajadora, entregada al servicio de su casa, audaz, cuidaba cada detalle, sonreía muy bonito aunque no con la frecuencia que me hubiese gustado. De carácter fuerte, se ocupaba de ser ordenada, observadora, amante de los animales, y ahorradora. Cuidaba el gasto de la cocina, para ella la ruina entraba a la casa por ese lugar, pese a esto muchos nos reuníamos en torno a su mesa llegué a contar hasta 10 personas en un día de trabajo normal,con una frecuencia importante. Mi abuelo decía: Ana multiplica la comida.

Mis bisabuelos, y tatarabuelos se encuentran allí, un retrato a cada lado de la cama. Mamá Ana atesoraba muchos recuerdos, aunque confieso que muy pocas veces me narró sus vivencias de niña, creo que no hice las preguntas adecuadas.

Devota de la Virgen María, rezaba a la Coromoto y hacia la Caminata a la Virgen de la Encarnación, y difundía dicha oración. Por muchos años fue devota de San Antonio de Padua pero se puso brava con él un día que le pidió algo que no pudo conseguir. Por eso la imagen de San Antonio se encontraba en los últimos tiempos de espalda en un tramo del closet donde era difícil verlo.

Para ella el domingo luego de misa era importante compartir un heladito, por eso íbamos al lugar donde el helado era muy cremoso.

Cuando mi abuela aún vivía hice un escrito de las arepas, el perfume Oscar de la Renta, y los rituales de mi abuela en casa. Hoy día me arrepiento de haberlos eliminado de un blog que tuve. Estos textos tienen como propósito resguardar algunos detalles que me gusta revisar y compartir.

En la peinadora de mi abuela se encuentra aún este tapete oblongo realizado con hilo perlé color beige, tiene poco más de 22 años. Es un diseño de Glendola Hodges, aparecido en la Revista Ganchillo Artístico, espero que sea de su agrado.