Amor por la radio

Propicia la fecha para declarar mi amor por el medio que me ha acompañado por años. Desde niña se convirtió en un compañero de día y de noche.

En mi infancia recibí como regalo varios radios. A la edad de 6 años, conectaba un aparato que tenía mi Papá, y lo colocaba en la cabecera de mi cama. En la noche escuchaba un programa de corte romántico, donde la audiencia llamaba y solicitaba canciones. Era el programa de complacencias de radio San Sebastián 960 AM.

Al poco tiempo descubrí que mi abuelo Roque también era un fanático de la radio. Cuando me quedaba a dormir en casa de ellos, me sentaba cerca de la puerta de su cuarto para escuchar a la distancia los programas que él colocaba de noche. En la oscuridad del estar, antesala a la habitación de mis abuelos podía escuchar, las noticias internacionales a través de BBC Radio en español, y los programas de Radio Católica Mundial.

Allí entendí que habían radios de banda corta y eso era lo que yo quería. Por eso con el tiempo tuve un radio de cuatro bandas, y tenía un bonito envoltorio de cuero marrón. Era el tipo de aparato que usaban los vigilantes. Después de mucho uso llegó el tiempo de sustituirlo, y me regalaron un radio de color rojo, negro y botones plateados, donde se reproducían cassettes.

Este fue mi compañero de adolescencia, donde mi programa preferido era uno que transmitían a través de la señal de Radio San Cristóbal 1060 AM. Los domingos en la tarde los dedicaba a escuchar “a todo volumen”. Mi hermana y yo, recostadas en nuestras camas nos quedábamos en silencio escuchando las canciones en su mayoría baladas en inglés de los años 80.

Muchas veces soñé que tendría una cama como la de Doña Blanca de Casanova, quien tenía en su cabecera una radio que era parte del mueble. Con el tiempo me di cuenta que esto no era viable, pues no todo el mundo estaba dispuesto a tener una radio sonando a toda hora incluso a la hora de dormir.

El tiempo ha pasado, inició la transmisión de la banda FM en Venezuela, me mudé de ciudad, conocí otros locutores y otros formatos. Luego vino el cierre de las radios, una de ellas fue el cierre del Servicio Lationamericano de noticias de la BBC, aquella frase de “El último que se vaya, que apague la luz” causaron en mí un pesar que no comprendía, como un sonido podía revolver tantas emociones.

El formato cambió y el internet va tomando la batuta , aunque yo me he adaptado y escucho la mayoría de los programas por esta vía, no puedo dejar de lado mi radio en casa, en el carro y ahora en el celular.

La radio es un gran amor, una gran compañía. Hoy extraño muchas voces que ya se apagaron, y que aún susurran en mis recuerdos. Hoy 13 de febrero es el día Mundial de la Radio, un día para enaltecer la labor de este medio de comunicación, un día para apreciar a todos los que se desenvuelven en este medio y lo hacen suyo.


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