Recolector de mariposas y libélulas

A los cinco o seis años los niños ya muestran sus principales rasgos de personalidad, en los míos la audacia y la parte atlética no se asomaban. No recuerdo porque me encontraba indispuesta frente a exigencias físicas, desde niña el miedo estaba como una sombra, esto me llevó a tener cierta sensibilidad, aunque me gustaba el aire libre, tenía dificultad para asumir riesgos.

Tomé conciencia de su presencia en mi vida cuando nos iniciamos en una caminata de seis kilómetros, la cual contemplaba unas cuantas cuadras del pueblo para luego pasar a la carretera rural que nos conduciría hacia la parcela donde mis padres construían nuestra casa de familia, me era más fácil llorar que disponerme a completar la travesía.

Cuando veo un niño llorando en la calle no dejo de pensar en los momentos donde la sed, el calor, la incomodidad hacen presencia y el rechazo por la situación aflora en llanto y dolor. En mi cabeza persiste el recuerdo de volver sobre mis pasos en las calles del pueblo de su mano. Nunca dudó en ocuparse de nosotros y renunciar a sus propias necesidades.

Un hombre que medía aproximadamente 1.70 m, corpulento, dispuesto a degustar y disfrutar las horas de comida y las respectivas chucherías que nunca dudó en compartir con nosotros. Su fuerza característica la demostró en varias oportunidades, resultando gravemente herido en algunas ocasiones.

Recuerdo visitarlo con mi papá, cuando aún se recuperaba de una pelea común entre hombres en los bares del pueblo. Uno de sus contrincantes había tomado un par de ladrillos y le había golpeado la cabeza. Sendos bloques habrían zumbado en sus oídos, la sien era el objetivo del traidor peleador que le había tomado por la espalda, rematando la pelea con un botellazo en la nariz que había procurado varios cortes en su cara morena.

Siendo niña que le quería sufrí, pues siempre conocí el lado bonito y cuidador de este gran hombre Su fuerza era bastante conocida, y como un niño sin control siempre estaba dispuesto a asistir y ayudar a quién lo necesitara. No sé realmente como se convirtió en un niñero para nosotros los cinco hermanos, a través del sacramento de la confirmación consiguió que se formalizara ante la gente lo que ya en su corazón anidaba. Como una figura paterna nos arropó y protegió de todo lo que él consideraba podía perjudicarnos.

Cuando yo tenía 8 o 9 años, el inició su labor como entomólogo, la excusa su tesis de grado en agronomía. De otra forma no se hubiese atrevido a capturar mariposas y libélulas en placas de anime que fueron llenando su habitación. Descripción, características y detalles de cada uno de los insectos capturados en la zona donde vivíamos.

En mi recuerdo vive la imagen de ese hombre moreno, corpulento, con una barriga sobresaliente, de gran fuerza que llegaba a casa sosteniendo una enorme red azul de tul, tan suave y delicada que al balancearse parecía que flotaba. No dudaba en aceptar nuestra compañía para atrapar las especies que nutrirían su objeto de estudio.

Luego de acompañarle en las jornadas de búsqueda, fuimos muy bien trajeados a su acto de graduación en la Casa Sindical. Lucía muy elegante y grande con su toga y birrete. Mis padres nos aupaban en estar atentos y felicitarlo en su logro, recuerdos imborrables.

Ese recolector tenía una debilidad que odió al final de sus días, “el oso le había hecho mucho daño” (refiriéndose a la mascota de una marca de cerveza venezolana). Había sufrido en varias ocasiones por culpa del alcohol, en un período de su vida perdió muchas oportunidades, amigos y negocios. En mi opinión, fue abusado en su bondad en no pocas ocasiones.

En mi vida adulta repitió una y otra vez el acompañamiento en distintas etapas. Atento a mi noviazgo, estudios universitarios, matrimonio, nacimiento de mis hijos a quienes adoró como parte de sí, estudios de postgrado…

En este tiempo cuando se acerca la Fiesta de la Virgen de Consolación, no dejo de pensar en el año 2011, cuando hablamos por teléfono me dijo que había peregrinado hacia la Basílica de Táriba. Un recorrido de 27 kilómetros que había dedicado a pedir por la familia, y donde nos incluía a todos. No sabía que a poco menos de un año, él ya se abría marchado para siempre.

Puedo escribir ampliamente lo que significaba su compañía en los viajes en carro, de cómo me enseñó la noción de multiplicación, la espera a que llegara casi todas las tardes a la casa y nos fuimos acostumbrando a ver la silla de la sala en el cuarto de mis padres donde se sentaba a ver televisión con todos.

Junto a mi Papá me escoltó en mi primera fiesta de quince años, pese a que la instrucción de mi Mamá era buscarme a las doce en la fiesta, salimos hacia una fiesta llanera esto me hizo cómplice, cosa que pague cara a la mañana siguiente con la limpieza de las huellas de la farra dejadas en la entrada de la casa.

Las visitas que hizo a mi lugar de trabajo cuando ya estaba graduada, las veces que se hospedó en mi casa, y donde no solo atendía a mis hijos como suyos, sino que se dedicaba a hacer el jardín y acompañarme en todo. En estos días extraño esa figura que me acompañó en mi primer día de clases de maestría, usando su carisma decidió que me presentaría con las personas que él consideraba eran las mejores para mí.

En estos días me gusta recrear la imagen robusta del recolector de mariposas y libélulas, que abrazaba la enorme red azul…


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