Día 3. Gerundio, y lo que atañe a leísmo, laísmo, loísmo.

Si, en este tema también existen formas correctas e incorrectas. En este punto me provoca no continuar con la actividad. Que existan ocho formas de gerundio ya me hace pensar, entonces estudio, asimilo el contenido, y voy a los ejercicios y entonces sucede lo imprevisto, el 85% de las respuestas están bien.

Voy haciendo las actividades y pienso en cuatro de mis profesoras de castellano y literatura, entonces entiendo como he sobrevivido hasta ahora, solo puedo agregar que a los 45 años todavía las figuras literarias son difíciles para mí.

Así llego a este punto en un día donde estudio redacción, entiendo los ejemplos de cada uno de los ocho tipos de gerundio, y estoy leyendo el libro de “aproximación a la feminidad” de Fernando Rísquez, un estudio de psicología acerca de la feminidad.

Esta situación dispara los recuerdos, aparecen en mi cabeza las dos veces que hice la llamada “chuleta”. El primero fue en el examen de figuras literarias de segundo año de bachillerato, en aquel momento octavo de educación básica; no pongo en duda que la Profesora Coromoto se diera cuenta de los borrones de la hoja, todo el contenido en una sola hoja. El segundo momento fue en un examen de psicología de cuarto año o primer año de diversificado, donde abrí el libro para definir persona, así de grave era el asunto, ni siquiera puedo recordar el nombre de la docente, solo sus grandes ojos verdes.

Es una maravilla saber que nuestro cerebro siempre está dispuesto a desconstruir ciertos conocimientos y permitir que podamos corregir nuestras fallas. Solo puedo adelantar que este texto de redacción estará bien usado cuando lo termine.

Ahora me encuentro atenta y valido lo que me ayuda a mejorar en todos mis procesos, buscar caminos de mejora a través de los especialistas. Tal como lo indica las siguientes citas de Mario Alonso Puig:

Gran parte de nuestros conocimientos, de nuestras ideas y de nuestra experiencia está contenida en este espacio accesible … Necesitamos tener el coraje para adentrarnos en el otro espacio, el que no se ve, el que está oculto, el espacio inconsciente. Si lo hacemos, descubriremos dos cosas: el origen de nuestras conductas automáticas y nuestro potencial inexplorado.

Muchas veces lo más valioso está oculto a nuestros ojos. Acercarse a lo que ya conocemos con un espíritu abierto puede ayudarnos a descubrir mucho más.

Reinventarse por Mario Alonso Puig