Papeles de trabajo de las damas de barro

Inicié el trabajo de las damas de barro en el mes de junio, y esto me ha enamorado. A continuación podrás leer el texto que escribí como informe final del taller “la ciudad cuenta su historia” de la Fundación Bigott.

Lo que comparto es parte de la recopilación de información para un proyecto con la mirada puesta en lo femenino, que aún no tiene fecha de entrega, pero que ya muestra sus primeros. Además estas dos entradas compartidas se encuentran limitadas por el número máximo de páginas, y es probable que lo veas cortado.


La pérdida de los hallazgos en torno a la Venus de Tacarigua.

Valencia conocida popularmente como la capital industrial de Venezuela, y tratada con cariño por el porro compuesto por Billo Frometa como ciudad señorial, fue fundada a orillas del Lago, cosa que hoy nos parece lejana, y hasta increíble. Sin embargo, los historiadores Oviedo y Baños, citados por Manzo (1981) señalaban: “Valencia se fundó a poco más de media legua de la Laguna de Tacarigua, donde se conserva hasta hoy”. El punto de referencia de fundación de la ciudad hoy día es la Plaza Bolívar, y según las referencias la orilla del Lago se encontraba en el sector El Palotal, a poco más de tres kilómetros de distancia hacia el sur de la ciudad.  

El Lago de Valencia es una cuenca hidrográfica, ubicada entre los estados Aragua y Carabobo, en la zona norte costera de Venezuela. Se reconoció en la historia luego del avistamiento por parte del conquistador español Juan de Villegas en el año 1547. En los registros históricos consta la admiración que sintió el español al recorrer la zona y observar las riquezas naturales. 

Este paisaje fue admirado por Alexander Humboldt en su viaje del año 1800. El explorador describió los verdes hermosos, y las ricas campiñas que rodean la zona del Lago en la época. Allí realizó algunas mediciones, descripción del clima, la forma de vida de los habitantes, tomó nota flores y frutos, resaltando además las geografía de la zona. 

La riqueza natural que engalana la zona, se encargó de proteger el tesoro de los habitantes prehispánicos conocidos como los Tacarigua hasta finales del siglo XIX. El 21 de abril de 1887, con el nombramiento de Vicente Marcano como jefe de la Comisión de Antropología, se da inicio a una serie de exploraciones arqueológicas al lago de Valencia, y otras zonas del país. Este momento es considerado el punto de partida de los registros oficiales de los primeros hallazgos sobre la cultura de los Tacarigua. Los objetos fueron reportados en el trabajo etnológico que presentó su hermano Gaspar Marcano, y enviados a París a engrosar el inventario del Museo del Hombre.

Surgen de esta excavación los primeros registros de las figurillas de barro, a la  que Marcano reconoció como ídolos. La descripción de Gaspar Marcano es sencilla, no se atreve a realizar conjeturas complejas, pero si narra lo relativo a: tamaño; color; disposición del cuerpo; detalle de extremidades; cabeza; adornos corporales; disposición de ojos, boca y otros orificios corporales como el ombligo. Señala que los pobladores buscaban el concepto de belleza, y aunque no corresponde con la idea de belleza “de la civilización moderna, la regularidad y la expresión severa de esas divinidades revelan una búsqueda de la belleza, una elemental aspiración hacia lo ideal” (p. 108). Hasta ese momento todas las piezas encontradas eran catalogadas como figuras femeninas.

Hacia 1903 se conocen nuevos hallazgos en los alrededores de la cuenca del lago, en esta oportunidad se habla solo de petroglifos y piedras ahuecadas. Para el momento los resultados de las investigaciones fueron enviados al Museo Arqueológico de Berlín. En 1906, comienza la preocupación por rescatar los datos de las investigaciones arqueológicas, pues todas ellas se encontraban recopiladas en Europa, dicha propuesta fue presentada por Elias Toro pero no tuvo eco en la población (Meneses y Gordones, 2009).

En 1914,  Luis Oramas continuó con las excavaciones en el Lago de Valencia. De allí se conoce:

Empezábamos a excavar la base de la elevación en sentido transversal y aparecían a menudo objetos de adorno(…) además de piedra (…) útiles industriales, ídolos de barro cocido(…) en esas colinas al continuar la excavación hacia el centro, a una profundidad de cincuenta centímetros encontramos sarcófagos…

citado por Meneses y Gordones (2009)

Entre el año 1930 y 1933, es el trabajo del Dr. Rafael Requena el que tiene visibilidad. Su teoría consistía en anunciar que se encontraba en Venezuela los vestigios de la Atlántida. Esta situación llamó la atención de varios museos y centros de investigación en el mundo quienes se dieron la tarea  de organizar excursiones. 

Con el trabajo de Requena y la presidencia de Juan Vicente Gómez se inicia un proceso de reconocimiento de la Diosa de Tacarigua. Alejandro Colina es responsable de honrar la cultura Tacarigua a través de sus esculturas. Es así como se da paso al Parque Tacarigua, inaugurado para provecho del público en el año 1933.

Lisandro Alvarado, Cruxent (1946), Henriqueta Peñalver (1964), y muchos otros investigadores, se convierten en las caras visibles de un gran esfuerzo por mostrar los hallazgos que impulsó la creación de los Museos Naturales y de Antropología en Caracas y en la región central, pues se van a convertir en garantes y protectores de la huella prehispánica. 

Los estudios reconocieron la cerámica hallada en la zona con un tipo particular reconocido en la arqueología como valencioide (Escalona, 2009): 

conforman elementos expresivos icónicos de esta sociedad y su abundancia, variedad y asociación con contextos funcionales diversos hacen suponer que jugaban un papel central en una gran parte de las actividades económicas, políticas, religiosas y simbólicas de dicha sociedad (p. 308). 

¿En qué momento se asigna el nombre a la diosa? ¿Quién insistió en llamarla Venus de Tacarigua? es aún un dilema que no he podido cerrar en este trabajo. Mientras escribo este texto veo como se fueron extraviando los datos históricos junto a los restos arqueológicos; la pérdida de información por no saber manejar las fuentes de información; la prevalencia de los intereses personales; la tardía institucionalización para el manejo de los hallazgos; la falta de apropiación de la cultura prehispánica por parte de la sociedad venezolana. Actualmente se suma la precariedad de las instituciones venezolanas responsables del resguardo de los restos arqueológicos, que son reflejo invaluable de la cultura e identidad del venezolano. 

Referencias bibliográficas 

Escalona, C. (2009) Los cuerpos de barro: análisis estilístico-estético-comparativo de la figuración antropomorfa en la cerámica prehispánica de Venezuela. Series barrancoide-saladoide valencioide y estilos Betijoque-Mirinday. Universidad Central de Venezuela, Caracas.

Manzo, T. (1981) Historia del estado Carabobo. Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas.

Marcano, G. (1971) Etnografía precolombina de Venezuela. Instituto de Antropología e Historia, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela, Caracas. 

Meneses, L. y Gordones, G. (2009) De la Arqueología en Venezuela y de las colecciones arqueológicas venezolanas. Centro Nacional de Historia, Caracas. 

Morales, M. (2011) Aproximación crítica a la obra del artista venezolano Alejandro Colina. Universidad Central de Venezuela, Caracas.

Otros recursos.
Biografía de Vicente Marcano Echenique. Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Empresas Polar. Disponible en [https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/m/marcano-echenique-vicente/] [Consultado el 02 de septiembre de 2020]


Necesito leer el texto completo de Gaspar Marcano, en caso de que alguna persona lo tenga o quiera compartirlo me puede contactar por cualquiera de los medios dispuestos en esta página.

Etnografía precolombina de Venezuela

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