Alma de cucarachero

Un ejercicio de escritura, que tuvo la osadía de presentarse a concurso, ayer recibí el correo que anuncia el respectivo: “lamentamos informarle…bla, bla, bla…” Por acá comparto con ustedes una pequeña experiencia de pandemia.


La pandemia nos sorprendió y la vida se detuvo en un instante. Un anuncio presidencial nos indicó que estábamos confinados en casa, y en el corazón habitaron tristeza, pena, e incertidumbre; el miedo a la enfermedad; la desolación frente a la lejanía de la familia; y el terror de la muerte de decenas de personas que se reportaban en redes día con día. Los cucaracheros se dispusieron a continuar su vida. Construyeron su nido, el amor floreció y un pequeño polluelo salió de su huevo.

Mientras mi vida quedó paralizada, ellos en su andar rebosante y ocupado cantaron sin cesar una, otra y otra vez. Con el paso de las semanas estos pequeños cucaracheros no se detuvieron, para ellos el día y la noche seguían su curso. El cucarachero salía y entraba de ese pequeño hoyo de la pared sin pedir permiso, sin restricciones, sin controles. Sol, cielo, viento no son obstáculos, decide sacar adelante y con ganas esa familia que tiene bajo su responsabilidad.

No pude saber cuántos días pasaron, pues ante las noticias terribles y el ruido de los equipos electrónicos, no podía escucharles. Cuando el silencio se apoderó de mi casa en el patio existía una algarabía constante, la alegría de la vida, y el ímpetu del nuevo ser que pedía constantemente que sus padres llenaran su piquito. Ambos padres solícitos, entraban y salían por turnos de aquel pequeño agujero en la pared. El patio de la casa de unos 35 metros cuadrados se convirtió en una extensión del hogar. Los sonidos me transportaron a la infancia, cuando los adornos navideños que simulaban un reloj, tenían aquel sonido parecido al de esta pequeña ave.

Era necesario tomar consciencia del silencio, y al cerrar los oídos a los equipos de sonido, los televisores, las computadoras, se abrió un mundo que desconocía. El sonido natural de esa familia que seguía cumpliendo con sus obligaciones, y con este pequeño que les permitió tener ese hogar. Reconocerlos a ellos, y disfrutar de su presencia, me permitió reencontrarme con el cielo azul, las nubes, la lluvia, el sol, y comprender que la vida no somos solo nosotros, y que muchos seres vivos están allí luchando por seguir.

Esta pequeña familia motivada por su polluelo, fueron los responsables de abrir mis sentidos para reencontrarme con la esperanza, el consuelo, la espera paciente y el amor, muy necesarios para comprender el mensaje de esta prueba para la humanidad. Abre los ojos podrás ver más allá, para afrontar este tiempo que aún está bajo condiciones especiales, mientras tanto te invito a hurgar en tu interior y que nos entrenemos con el ímpetu del alma del cucarachero.

Publicado por

Rossana Medina M

Soy una persona que anhela más conocimientos y eso me lleva a estudiar, investigar, y escribir. Soy una persona optimista, que tiene la vista puesta en el ahora con la esperanza de un porvenir mejor. Estas páginas que administro busca intercambiar ideas y mejorar mis habilidades comunicativas.